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Anzola: Me enamoré de esta película

Su voz joven, de sociólogo curtido al sol de las luchas estudiantiles de los años 60, lo presenta bien. Creyente del don natural de las personas para reivindicarse desde la solidaridad y la creatividad, Anzola consigue sus soluciones en clave de humor. Prolífico documentalista en los 70, ha reflejado el cooperativismo como ningún otro cineasta del país. A la par, su recorrido por la ficción refleja una mirada constante sobre la gente común, lo maravilloso que surge cuando se plantea lo imposible con armas modestas. Más vivos que nunca, su más reciente largometraje, visibiliza pronto el reto con su tema innovador y la característica lúdica en el tratamiento argumental, lo cual parafraseando a Antonio Llerandi nos permite reencontrar “al mejor Anzola”.

1-El naturalismo en las actuaciones es algo sobresaliente en el film.
Los actores… tuve la suerte de conseguir esta batería de maravillas, gente con 400 horas de vuelo. Les gustó mucho la película. Fue estupendo dirigirlos. Y por edad, había una situación como de “iguales”. Era como la pandilla de “malandros” de un colegio. Agarraron muy sabroso los personajes, (y entonces) la dirección de actores fue fácil. Siempre hay arreglos, claro, (pero) esa magia ocurría. Los tipos inventaban y enriquecían el personaje todo el tiempo.

2-El tema no es nada usual en la cinematografía nacional. ¿Qué buscaba con este tipo de argumento?
El argumento me encontró. La historia me llegó hecha y me atrapó. Primera vez que me pasa eso. Siempre ha sido una idea básica mía y luego busco al guionista, (pero) este argumento es de Laura Romero. Dije: “¡Una película de viejos!”, pero cuando leí el guión me enamoré. Trabajamos siete versiones durante casi dos años. Es sobre la vida, la muerte, salvarse, escaparse, rejuvenecer. Estoy muy contento. La película transmite esa cosa vital. Los espectadores salen muertos de la risa y llorando

3-El disparador de la trama es sui géneris. Uno teme que a partir de ese “suceso” la película se “caiga”. Sin embargo, es allí donde se levanta y alza vuelo.
Yo le tenía cierto miedo al tema. La primera parte es la de enamorarse de cada personaje, en la residencia, y Rosario (Prieto) es el alma del zaperoco, del bochinche… no me gusta revelar, porque (risas) ¡Ahí es que viene lo bonito! Ese acontecimiento le da vida a este grupo de escapados que quieren cumplir el deseo de ella. Y sí, ahí es que arranca (la película).

4-¿Hallar la verosimilitud en un argumento fantasioso fue el reto del guión?
Es que es perfectamente posible que eso suceda… es la maravilla de la película. A mí me gustan los personajes simples, la gente de a pie. El motorizado, la secretaria…. Son personajes a los que les pasan cosas. Uno tiene historias que son la vida. Pero eso que pasa ahí no es descabellado. No es lo cotidiano, pero puede que haya pasado alguna vez en la vida. No lo sabemos.

5-¿Cómo fue el trabajo de guión? ¿Qué se planteó más allá del argumento? ¿Qué debía tener?
Unos personajes entrañables y (plantear) la posibilidad de que la vida sigue después que uno se pone viejo. Ellos logran salvarse por la risa, ocurre una especie de milagro. Entran en un mundo de felicidad y aventura, y al final son jóvenes de nuevo… Y (además) está un personaje que es como “mi otro yo” -incluso nos confunden-, que lo hizo Julio Bustamante. Es el que los ayuda, les da la mano, el personaje amable que los ataja y permite que se termine de armar el plan.

6-¿Qué tipo de audiencia crees que se conecte con la película? ¿Sólo gente de cierta edad y determinado estrato socio-económico?
Es muy extraño. En algún momento, pensé que era un riesgo. Una de las cosas es atacar esa especie de rechazo. La sociedad preferiría que la vejez no existiera, pero sí existe. La película la han visto (en pre-estreno) jóvenes, gente de mediana edad y viejos. Pero todos tenemos viejos en nuestra vida, esa es la cosa. Ellos se ven reivindicados, y los de edad mediana quieren llevar a sus padres o abuelos… Es como universal, y en este momento del país, una película tan llena de risa y solidaridad es importante, porque veo necesario que estemos dispuestos a entendernos los unos a los otros. Es un tiempo para tratar de entender lo que dice el otro. Todos “los demás” no pueden ser malos, y la película puede ayudar a ver eso. ¡Esos compinches tan distintos se vuelven una familia! Muchas veces me dicen que hago comedias, pero nunca me lo he planteado. Lo que sí tengo claro que el venezolano cuando quiere decir una verdad bien seria, siempre está “mamando gallo”. (Las mías) no son películas de chiste. Y ésta es más graciosa de lo que yo me imaginaba. Pero me encanta.

7-¿Qué posición, por decirlo así, tiene esta película en su filmografía?
Evidentemente, la película más importante para mí es la que está vivita y coleando. En este momento mi cabeza no está en las anteriores… Quedaron en el olvido, aunque cada una ha significado todo para mí en su momento. Es curioso, porque algunas personas pensaban que yo andaba desaparecido. Estuve haciendo muchísimos documentales sobre el movimiento cooperativo, pero parece que los documentales pasan un poco desapercibidos. Con ésta volví al estilo más conocido.

8-Hay cierto tratamiento del color en la película. Un cierto brillo, una luz particular. ¿La dirección de fotografía fue pensada con esta intención de frescura expresiva?
La fotografía la hizo Enrique Blaine, y me parece espectacular. Ese ambiente que ves es básicamente su logro… de común acuerdo, por supuesto. En la idea original de Laura la residencia era muy gris, pero me pareció que no tenía tanto sentido. Hay incluso un momento de la película, la salida nocturna, donde no hay luz sino puras linternas, la calle es oscura, y esa parte es larga… Pero quedó muy bien, porque el trabajo de fotografía es buenísimo. Y en el viaje, con el dron en la carretera, entras en un mundo totalmente distinto; es una fiesta. Quedó mucho más bonito de lo que yo me imaginaba.

9-¿Qué expectativas tiene de la exhibición de la película?
Ojalá que la vaya a ver muchísima gente y se quede mucho tiempo en la cartelera. Esa es la ilusión. La taquilla no está en su mejor momento, pero hay que seguir pa´lante. El discurso no puede ser “vamos a esperar un mejor momento”. ¡Este es el momento! Ese es el sueño de uno.

Luis Laya

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