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John Petrizzelli: “Hay que ayudar al público a trascender el cine de fórmulas”

Luis Laya

Una extraña pareja cruza el llano recóndito, arrastrando una maleta. La extravagancia, el absurdo y el guiño se cuelan en una historia de reivindicación y límites por superar. Una colección de extravagantes personajes se unen a la huida, algunos a su pesar. Otros son paisaje agreste y malvado, pero a ratos entrañable. Es Bárbara, una road movie sui géneris y sorprendente, que entretiene y propone reflexión con el transporte de la aventura.

Su trayectoria abunda en documentales y cortos, pero ha venido incursionando en el largometraje. ¿Qué diferencia a Bárbara del resto de su producción y qué la enlaza?
La diferencia es que es una película de ficción en la llanura, en espacios abiertos, con muy poca ciudad. El largo anterior de ficción y mis mediometrajes son más urbanos. El espacio aquí es mucho más protagónico. Lo que la enlaza es el interés en personajes excluidos. Bárbara es un travesti de Sabana Grande explotado por el dueño del bar donde trabaja, vive en una pensión, etc. Por otra parte, el interés por el llano siempre ha estado presente, porque parte de mi familia viene de allí, es la tierra de mis ancestros.

Observo similitud entre Priscilla, la reina del desierto y Bárbara. ¿Cuál es la relación?
Lo único que tienen en común es que hay travesti en un paisaje poco usual, pero Priscilla viaja en un tour, mientras Bárbara tiene otra motivación: pasa por un refugio y quiere cruzar la frontera. Es un film de persecución, de aventura y drama. Priscilla es muy light, hay incidentes muy pequeños de homofobia cuando sabemos que ese ambiente es muy homófobo y racista. Creo que es una coincidencia; escribí ese guión en el 98-99. Pero sí me recordó a Bárbara, porque la paleta de colores es muy contrastante. Aquí hay un llano verde, pero a medida que Bárbara se va masculinizando el llano se convierte en más agresivo y hostil

Quizás es una pregunta que debí hacerle antes. ¿Por qué el cine? ¿Qué le apasiona de éste?
Creo que el cine, a diferencia del teatro y la literatura -la pintura se acerca más- tiene esa maravilla, porque no sólo es plasmar el personaje, sino encarnarlo. Un escenario te limita, en escenografía es más artificioso el teatro. Por otro lado, en cine tienes la idea de una locación y si cuentas con la capacidad económica o consigues ese set, lo puedes lograr. La visión que tiene el espectador es bastante completa: tú le estás dando el encuadre, los sonidos, los personajes; es una fantasía que te transporta. Eso es lo que tiene el cine que ningún otro medio tiene: puedes estar en el siglo 16, en la etapa de la conquista, con Jericó, o en el siglo 19 en plena Guerra Federal con Zamora, o en el siglo 21, con Blade Runner. La evasión es total. Sólo el cine te da esa posibilidad de escapar a otro mundo.

¿En términos técnicos y logísticos, tuvo dificultades para proponer Bárbara, para su realización?
La realización de Bárbara fue muy dura, con la sequía más fuerte que ha habido en Venezuela en mucho tiempo (2016). No teníamos agua en muchos lugares, fuimos a zonas de carretera de tierra -sólo un sendero por la sabana- en un autobús no apto para circular por ahí. Se pegó muchas veces, teníamos problemas de alimentación, de temperatura, de vientos muy fuertes nocturnos. El tiempo de transición entre sequía e invierno se pone muy complicado, el clima muy enredado. Los vientos nos tumbaban las luces; en las dunas a orillas del Orinoco fue una pesadilla.

Es fácil ver una película con un personaje homosexual y decir que la película trata el tema gay. ¿Se propuso esto con Bárbara o el personaje es autónomo y más universal, por así decirlo, que su condición específica?
Bárbara es travesti, homosexual, pero la película no trata sólo de eso. Los otros personajes son antagónicos, lo desprecian, lo humillan. Hay un personaje homosexual, pero no está ahí para vender la película con la burla fácil, ni para presentar un personaje cómico. Necesitábamos que estuviese en el lindero de lo femenino y lo masculino, no podía ser demasiado afeminado…, y (además) Bárbara no es políticamente correcto, no es un gay perfecto. Es oportunista, mentiroso, manipulador. Pero ese antihéroe se va redimiendo a medida que se va reconociendo tal como es. Es una historia de identidades, está la búsqueda también del coprotagonista, un adolescente. Va más al juego psicológico, con un vehículo de aventuras y recursos convencionales para hacerla más digerible y que el público quede atrapado.

Siguiendo con el tema… dentro de su trayectoria hay algo que recorre; es el experimentalismo. ¿Cree que Bárbara es la película para acceder al público masivo como director de cine?
Creo que sí. Uno siempre experimenta con los géneros, con los guiños, trata con algunas ideas, montajes, secuencias oníricas. La gente cree que el público no puede llegarle a estos temas, pero sí tiene la capacidad. Obviamente está muy penetrado por un recurso del cine comercial de Hollywood, y así cuando encuentra algo que no está en la fórmula le cuesta un poquito más. Pero uno debe ayudarlo, buscar la manera de que el espectador le entre, pueda conectarse. Trato de proponer imágenes divertidas, algo que ayude a la gente a que se monte, a pesar de lo difícil. Estamos en la obligación de abrir otro cine que no sea el de fórmula… que está bien que exista y la gente evada un rato hacia un mundo totalmente placentero, pero también puedes llevar un mensaje que te lleve a mundos interesantes.

Como director qué le interesa atrapar en sus películas. ¿Cuál es su búsqueda esencial?
En su esencia, la forma siempre es importante, pero el fondo es lo que uno trata de transmitir. En documental y ficción he tenido una premisa: dejar en el espectador una esperanza, un mensaje positivo. El eslogan de Bárbara es “el show nunca termina”. Ese lo que le deja al joven campesino, que cree que su vida no tiene posibilidades de cambio ni podrá lograr sus metas. Los sueños y las fantasías son lo que nos mantiene vivos, aun después de la muerte. La ilusión es lo más grande que tiene el ser humano. Y en este momento, ese personaje tan políticamente incorrecto te deja un mensaje de realización hacia el futuro, para (que la gente entienda que a través de) más tolerancia y respeto podemos construir una sociedad de mejores y de iguales.

¿Cómo ve el cine nacional en este momento? ¿Logra comunicarse con sus espectadores?
Está pasando por un momento difícil a nivel de recursos y financiamiento. No hemos entendido que la promoción y lanzamiento son vitales. Si no hay eso para penetrar el mercado, (ninguna película) va a ir a ningún lado a pesar de que haya ganado festivales. Hay que dedicarle al mercadeo agresivo, como hace el cine argentino. Sin embargo ha habido un repunte; el público está respondiendo de algún modo. Pero todo va a depender de las películas… es un misterio casi religioso: puede que haya películas pequeñas sin mucha promoción y gracias a un buen “boca a boca” dé mejores resultados que una con 40 salas. Pero el error es ver el cine venezolano como un género: hay terror, comedia, drama político, drama social, películas históricas, musicales. Es como si metiéramos en el mismo saco todo lo que viene de Hollywood.

¿Va al cine? ¿Baja películas de internet? ¿Qué le gusta y no le gusta ver en pantalla?
No veo películas por internet ni por televisión. Yo veo el cine en el cine. El cine, su experiencia, estar en un espacio, en una butaca sin distracciones, sin ir a la nevera, ni que tu hijo ni tu esposa pasen por el frente, ¡ni tengas tiempo para fumarte un cigarrillo!, es algo irrepetible. Es transformador, una cosa mágica que enmudece, que petrifica a la gente. Yo me desconecto de todo lo que me esté pasando a mí, de los problemas, y me meto en ese mundo. El día que no existan salas de cine en el mundo voy a ser muy infeliz, el ser más triste y desafortunado del planeta. Espero que no me toque vivirlo.

¿Cree que se está logrando una identidad estética, ideológica, del nuevo cine hecho en Venezuela así como sucedió en los años 70, por ejemplo?
Sí, lo que se hace hoy en Venezuela es mucho mejor que el primer boom, un cine que era bastante realista, social, limitado a la ciudad, que miraba sólo al frente, nunca atrás. Lo que pasaba en el fondo del cuadro no era importante… el sonido era deficiente. Hoy en día las películas venezolanas tienen propuestas visuales artísticas muy diversas, no tan limitadas. El drama urbano está planteado de una forma más audaz. El cine venezolano de esta generación es el que recordará el mundo.

El llano está presente en algunas de sus producciones… ¿Qué significa ese espacio en el imaginario de John Petrizzelli?
El llano se ha tocado muy poco en el cine venezolano, excepto en Florentino y el diablo y unas pocas películas más. Aquí el paisaje es un personaje. Más que un set es parte de la película. Bárbara huye por el llano junto a otro personaje, y el llano va cambiando. Esa presencia es muy importante. El llano está vinculado con espacios culturales y sociales. Aquí está reflejado en sus creencias populares, por ejemplo la del ánima de Doña Bárbara trabajada como una figura literaria. Alguien que está allí haciendo milagros y maldades.

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