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“Hacer llorar o hacer reír es lo mismo”

Luis Laya

 

Todo logro nace de un sueño. William Colmenares, protagonista y productor general de Locos y peligrosos, destila con nosotros el suyo. Su comedia de policías, tras tres años de tumbos y peripecias que incluso le llevaron a pernoctar en los andenes del metro de Nueva York, está finalmente a punto de ser estrenada en el país, contando en su plantilla de actores con una colección de nombres que garantiza un rato de entretenimiento y acción a la venezolana.

Venezuela estrena: Háblanos de Locos y peligrosos… lo que fue cristalizar una idea como esta.

William Colmenares:… contento porque mi sueño se está cumpliendo. Un amigo mío vino a filmar una película en Venezuela y me pidió el favor de que le reescribiera parte de una película que se hizo en NY, y yo (le dije) “con todo gusto”. Nunca había dirigido, pero reescribí (las partes) y lo hice. Tuve oportunidad de trabajar con el Moreno Michael -lo dirigí en 4 escenas- y me impactó; es excelente actor. Le dije, “me encantaría hacer una película contigo, como Starsky y Hutch, sobre esos actores que por ser muy feos, calvos o chiquitos, les dicen, que no (les pueden dar el papel)”. Había alquilado un apartamento, invité a Damián Olivieri y nos reunimos todos e hicimos una guerra de ideas. Luego me llevé eso a Miami. Mi esposa (Marisela Buitrago) estaba haciendo una obra de teatro con el dramaturgo panameño Jonathan Prósper. Él me mandó varios libros y me gustó su manera de escribir, (así que) le dije que me gustaría hacer (el guión) con él. Hay unas ideas de Henry Galué y también de Kiko Olivieri Jr. que las adapté allí y Jonathan no tuvo problema en ponerlas. Está escrita por él, (pero) surge de (una) idea colectiva. Es una película hecha por amigos: ahí están Víctor Cámara y Alba Roversi, Daniela Vergara, Marisela Buitrago; somos todos como hermanos. No es Jurassic Park, pero sí un divertimento (válido). A la gente le hace falta reír. Traté de hacerlo sin groserías, porque me han preguntado que por qué nuestro cine siempre tiene diálogos groseros; entonces hablé con todos, con Charly Mata (inclusive), y a nadie se le sale una. Sólo a un mexicano que dice “pinche” en una escena.

VE: ¿Cómo conseguir la verosimilitud poniendo esas condiciones?

WC: Estamos acostumbrados a la policía que vemos en la calle, pero considero que todavía hay venezolanos que tratamos de no decir groserías En mi época no se hablaba tanto con groserías como ahora; antes era “chamito, que fú, (cosas así)”. Considero que se hizo algo profesional, el trabajo de novelas es (similar al) trabajo de cine, de teatro. Uno nace (para eso).

VE: ¿Por qué el género comedia? ¿Es difícil hacer reír como todo el mundo dice?

WC: Cuando yo estaba chamo mis amigos de la infancia decían “tú deberías estar en Radio Rochela. (Y es que para destacar) los feítos debemos tener alguna gracia. Pero yo no empecé así, comencé en dramáticos, (y una vez) fui invitado al (programa) Emilio.com. Sé que hago reír. Nosotros (los actores) hacemos (de) todo; hasta cantamos. Si (un actor) tiene oído puede musicalizar las escenas, (por ejemplo). Hacer llorar o hacer reír es lo mismo.

VE: ¿Qué expectativas tienes con la película? ¿Crees que va a ser exitosa?

WC: Una de las cosas que tenemos los actores es que somos muy inseguros. Todo el tiempo me estaba comiendo las uñas (pensando en cómo será recibida la película, pero) tuve que pasarme un suiche, (y dejar de hacerle cambios), encomendarme a dios, pensar “esto va salir (bien), porque tengo fe”.

VE: Locos… se presenta como una producción tuya… pero ¿Al final, quién la dirigió y de quién es el argumento?

WC: Yo no dirigí; no soy tan osado. Pido disculpas a todos esos grandes directores por no haberlos llamado, pero estaban muy ocupados. Henry Galué me recomendó a Javier Paredes y él hizo la dirección en Venezuela. El otro 30 por ciento lo hizo Eduardo Serrano en Miami. (Entonces, se combinó) el clima rico de aquí, la gente y las maravillosas locaciones, con los actores venezolanos que están en Miami. Todo el mundo (en la película) es venezolano. Pasé muchas cosas duras en el proceso, ¡hasta me estafaron en Nueva York!, y, terminé haciendo la (posproducción) en Bolívar Films. (Aquí) hay mucho talento y fuerza, y fue más económico.

VE: El elenco está lleno de figuras de la tele cómica de los 80 y 90. ¿Cómo fue la experiencia de reunir a esa gente?

WC: Muy divertido. Cuando grabamos con Emilio Lovera fue genial; es un personaje increíble. Igual pasó con Carlos Mata, y con Carlos Montilla que tenía mucho tiempo sin venir a Venezuela. Todo fluyó sin envidia, sin rencor; es una película hecha por ángeles. No tuve la fuerza económica para hacer una súper producción, pero recibí mucha ayuda: del CICPC que me prestó un edificio, del grupo BAE, (del cual) usé al jefe de secuestros. La película se grabó hace tres años.

VE: Cuéntenos el proceso de rodaje.

WC: Empezamos con (la parte de) Alba Roversi. Llegábamos a grabar (por ejemplo) en El Hatillo. Daba una vuelta, alguien me reconocía (y me ofrecía), “el maquillaje te lo tengo aquí, etc.” Así me pasó con el helicóptero, que me lo prestó el CICPC. Estábamos buscando una cárcel y me dice mi hijo: “papá, conseguí una”. Era un edificio totalmente destruido y yo le digo, “pero eso no es la cárcel de mi película; no tiene que ser una de verdad verdad”. Estaban (unos tipos) practicando paint ball (y me dije a mí mismo): “estos son los vigilantes”. Un hotel se convirtió prácticamente en un castillo -la cárcel Roca Negra- gracias a la dirección de arte de Miguel Borrero.

VE: Locos y peligrosos tuvo un estreno fallido hace menos de un año. ¿Lo frustró “aguantarla” por tanto tiempo?

WC: Creo que el tiempo de Dios es perfecto. Hace un año el país no estaba para estrenar una comedia; había mucho drama en ese momento y no íbamos a salir con la fuerza (necesaria). No había distribuidor, se necesitaba nacionalizar la película… tuve que cumplir con las leyes. El Cenac se ha portado de manera extraordinaria conmigo, estoy aprendiendo mucho en las reuniones.

VE: En una producción de este estilo el público espera tiros, explosiones, efectos. ¿Hay estructura en nuestro cine para lograr la factura técnica requerida?

WC: Tenemos todo. Yo estuve en NY, buscando a alguien que me “explotara” el helicóptero (que sale en la película) y el segundo (de efectos especiales me costaba) 1500 $. Para hacerlo se tardaban casi un mes. ¡Imagínate lo que iba a tener que pagar! (Al final) me hicieron un dibujito; (pero) era una comiquita (y no me dejó satisfecho). En Miami tampoco me lo supieron hacer… y aquí en Bolìvar Films tenía que esperar mucho. (Luego) conocí un muchacho en Maracay que me dijo: “señor William, si usted me da la oportunidad yo trabajo y se lo mando”. A las 3 de la mañana me lo envió por correo. ¡Perfecto!, sentías que los pedazos te caían encima, y no me cobró ni cien dólares. Allí se quedó trabajando. Todos los meses le pago un sueldo fijo y siempre va a estar conmigo. Creo que seguiré encontrándome ángeles (como él);  todavía sobra en Venezuela gente así.

VE: El público… ¿Trabaja pensando en sus reacciones? ¿Cómo es la audiencia venezolana frente a su cine?

WC: Sabemos (por) lo que estamos atravesando: la gente no está como para pagar una entrada al cine, pero los venezolanos apoyan mucho. (Esto) no da para hacernos millonarios ni (para) vivir la vida que teníamos antes, pero… ¡Yo no hago (cine) pensando en eso! Es como el actor (de teatro) que se asoma al público (y se asusta). Tengo ansiedad, pero cuando me dicen “cinco y acción” salgo y me entrego; el 80 % de mi espíritu está concentrado ahí y sólo pienso en lucirme.

VE: ¿Cómo fue su relación con el otro protagonista? ¿Funcionó la dupla William Comenares-Alexandro Noguera?

WC: Muy buena. Nos conocimos hace mucho y hemos sido grandes amigos. Formamos una buena pareja. Yo siempre había hecho drama y él comedia; yo ya había tenido oportunidad de hacer cine (y él no), pero nos sentimos bien juntos… Igual hubiera sido con el Moreno Michael, pero él no pudo (debido a un) un compromiso ineludible. Dijimos: “Vamos a tener que hacer eso nosotros”… y aquí estamos.

VE: ¿Ha visto cine venezolano últimamente? ¿Qué le parece lo que se está haciendo?

WC: Papita maní tostón 2da base, la vi el domingo. Me encantó. Ese es el cine que debemos hacer: el que hace reír. Es muy local, pero muy buena.

VE: Denos una reflexión sobre el hecho cinematográfico.

WC: Tú sabes qué es un (partido) Caracas-Magallanes, pero en Santo Domingo no (tienen idea). (De hecho), tengo entendido que el libreto lo están rehaciendo allá. (¿Sabes?) Locos y peligrosos tiene una segunda parte, (donde) traté de hacer esto un poco universal, sin muchos localismos, (aunque) siempre (al final) se nos ve el venezolano. Si haces (el guión) muy local no funciona (tanto) en otro sitio, porque no son ni el mismo acento ni los mismos chistes. Santo Domingo, por ejemplo, tiene una manera muy extraña de hacer comedia. (Una vez) Carlos Montilla me dijo que conocía un director hindú que podía meternos en Bollywood. Nos sentamos en una habitación, en Santa Clarita (California), con un traductor. Ellos tienen una manera (muy particular de hacer cine). Leyó el libreto, pero quería cambiarlo a su (forma india de hacer) comedia, y yo le dije “no, eso no es”. Nos dimos la mano (y ya). Sin embargo, no fue una noche perdida, pues (considero que) aprendí cosas sobre esa cultura.

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