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«Nos llaman guerreras»: El sabor de la proeza

Entrevista con Jennifer Socorro y Edwin Corona Ramos.

Un balón rueda por la grama. Tras él los ojos y ansiedad de todo un país. En los últimos tres años se dio una explosión inusitada en Venezuela: el triunfo y celebridad de la selección femenina de fútbol en tres categorías juveniles distintas. Cada vez que estas muchachas salieron al campo el estupor y el orgullo nacional se mezclaron. El gol de sus vidas, sin embargo, aún está por llegar. Dos de sus co-directores nos hablan de la experiencia de rodar un documental que sabe a gloria.

Venezuela Estrena: ¿Por qué la co-dirección?

Edwin Corona: El género documental se presta para hacer muchas cosas. Siento que a diferencia del cine (de ficción), da más libertades. Lo que teníamos estructurado antes de empezar a grabar era muy poquito. Teníamos una idea de lo que íbamos a contar, (pero) lo que encontramos fue diferente a lo que esperábamos. David (Alonso, fallecido recientemente) fue el director de cámara, pero nos íbamos rotando el sonido y las entrevistas; y a veces nos tuvimos que separar y asumirnos todos como camarógrafos.

Jennifer Socorro: Tenía una idea de lo que quería con el proyecto, (pero) ellos tenían más experiencia (…) Quería dar un aporte al fútbol femenino y crecí mucho. Cada uno dio el aporte justo para que el proyecto se diera.

VE: ¿Cuándo y de qué forma surge el proyecto?

JS: Venimos de una productora: hicimos un corto documental, un cortometraje, y (luego) hubo ese (torneo) sudamericano, donde (a las muchachas) les fue muy bien. Esta generación generó un boom, las jugadoras empezaron a tener renombre, tenían historias personales muy ricas y contrastantes. Nos preguntábamos: ¿alguien estará haciendo esto? ¡Es un potencial muy grande…!

EC: El documental, más que de futbol femenino, habla (sobre) una generación de mujeres que tenía mucho tiempo logrando cosas. Ya nuestro fútbol había ido a mundiales, pero no todo el mundo lo sabía. (Queríamos ver) qué había detrás, fuera del fútbol, y cómo en este entorno tan difícil tenemos el milagro de contar (con varias de) las mejores jugadoras del continente y el mundo.

VE: ¿Cuál fue su enfoque o “filosofía” como documentalistas?

EC: El documental tiene dos cosas: imágenes muy crudas, por ejemplo, secuencias en la casa de Daniuska, una casa muy pobre, de latón, donde viven 15 personas; y quisimos agregar otra realidad, salir de una simple cancha, mostrar cosas del documental moderno como, por ejemplo, tomas a 60 cuadros de Sandra (Luzardo) driblando en la laguna de Mucubají.

JS: El esfuerzo se centró en la belleza, en que técnicamente (la pieza) estuviera bien, pero estábamos en la vida de cada una de las muchachas… (Entonces) nadie contaba con que Daniuska se fuera a lesionar; ese tipo de cosas te cambia el guión. Ciertas cosas del hilo narrativo se iban modificando.

EC: Sabíamos cómo era la casa de Daniuska, o la de Yerliane Moreno, en Guasdualito… una casa que se inunda; pero no que esa misma agua casi le destruye la vida alguna vez. Ciertas cosas no las planificamos, siempre te sorprendes.

VE: ¿Cómo fueron las etapas previas para llegar al rodaje?

JS: Debes tener una antesala, que luego puedas cambiar. Pensamos, por ejemplo, que sería buenísimo tener a Yerliani en una canchita de tierra jugando con los chamitos de la zona, pero no sabíamos si existía. Y resultó que como a cinco metros de su casa ¡estaba eso! También queríamos estar cinco días con Sandra, pero ella tenía compromisos; (la de) Daniuska fue la primera (situación) que se dio para grabar, (pero) ella tenía una oferta para jugar afuera… Las chicas tenían sus módulos de preparación; y después no vuelven a sus hogares. Entonces, o se grababa en el momento o no se obtenía el material. Después ver cómo hacer para ir (al Mundial de) Jordania. Queríamos estar con ellas, en el autobús, en el camerino, mientras cantaban, lloraban…

EC: Queríamos un esbozo de sus vidas, estar en los entrenamientos… era un reto gigante. Teníamos que ir al otro lado del mundo, pero asistir a un mundial requiere una aprobación de la FIFA, procesos absurdos. ¡No lo sabíamos! El documental trae un azar, el fútbol mismo es un azar: uno puede creer que va a pasar algo, pero (luego) está la sorpresa; lo que en realidad pasa.

VE: ¿Algo especial qué contar durante las grabaciones del documental?

JS: El mundial era lo más difícil. En cada partido se iban dando las cosas, hasta el de semifinal cuando se pierde ante Corea. Pero, ¡quién iba a imaginar lo que iba a pasar con Camerún!, la manera que se le ganó a Canadá, la revancha con México: ganarles en cuartos de final después de aquella goleada sufrida en partido de preparación. Tuvimos la suerte de que, al grabar, algunas (jugadoras) tenían partidos (en sus clubes). Queríamos salir de la (órbita de la) selección, (ver) cómo se afectaban sus vidas y a sus familiares… Cuando metes todo eso en un pote resumes lo que queríamos contar, el mapa de la problemática del equipo. No creo que hubiéramos podido escribir un mejor guión.

VE: ¿Qué significa para ustedes la experiencia de esta película? ¿Qué la define?

EC: Estuvimos dos años en esto, incluyendo pre y post producción. Hicimos un primer review, de cuáles eran las (futbolistas) que más habían jugado en el 2016. Siempre quisimos que fueran de lugares distintos. Había jugadoras que tenían un puesto seguro en el documental, y después nos dimos cuenta de que otras también tenían que estar. Es como un viaje: vas de aquí para allá por todo el país, en un proceso. Al final es el viaje que ellas mismas hacen.

VE: Cuando vieron el corte final, ¿sintieron que habían logrado el objetivo?

EC: Hicimos 22 versiones y poco a poco la película nos empezó a mover, (aunque) nos faltaran aún mil detallitos. Creo en ese momentum cuando sabes que la película está lista. Pasamos por muchos focus groups, (y hubo) gente (a las que) que (la historia) no le dijo nada, y otras (personas) que todavía lloran al verla.

JS: A nadie se le va a olvidar ese día cuando nos vimos a la cara y dijimos: “¡Esto es! Sólo hay que pulir el diamante”. El fútbol es hermoso, pero aunque a estas chamas las veas como deportistas súper grandes… ¡no son así! Increíble que estas chicas de lugares tan distintos lograran juntarse para un objetivo que parecía superior a ellas.

VE: ¿Qué expectativa tienen de cara a la receptividad del público?

EC: Es súper difícil: estás trabajando dos años (y te preguntas) qué va a pasar. Siempre está ese miedo. (Pero) uno tiene que hacer las cosas y mostrarlas, ese es el objetivo. Esta es una película para que los venezolanos recordemos las cosas buenas que pasan aquí. Te habla a ti como venezolano; no es sólo (para) alguien a quien le guste el fútbol.

JS: Que la mayor cantidad de gente la vea. Estas niñas se merecen que las conozcan, que las valoren. Son personas que se salen de los moldes, que te invitan a que sigas tus sueños, (a vencer) eso que dice la sociedad que no puedes hacer.

VE: Es complejo distanciarse como documentalista cuando uno trabaja esta clase de temas, la nacionalidad, los símbolos… y en un mundial de fútbol. ¿Cómo lo enfrentaron?

JS: Es indescriptible. Para mí siempre fue un sueño ir a un mundial, y esta experiencia de ir a uno de mujeres le da un plus al documental. Fue increíble estar en la charla del primer partido, en ese momento previo… ¡Guao!, uno casi se ponía el chaleco, la camisa. Las derrotas nos dolían…

EC: Al final uno está allí como venezolano. ¿Cómo no vas a terminar de meterte de lleno? Creo que se siente en el resultado. Es muy cercano.

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