Oculta tras la desesperanza

 

El drama psicológico y el desplazamiento emocional movilizan el largometraje Un destello interior, de los Hermanos Rodríguez

 

“Pues tú eres calma, madre, trémula luz del fondo”

Nada casual, la escogencia de ese verso de Paul Celan como epígrafe, marca el “fondo” de la cinta de Andrés y Luis Rodríguez de una manera tan sutil como inesperada. Así, Silvia, personaje central, parece resurgir de los infiernos para revelarse como madre, después de todas las desgracias padecidas y sobre todo, sobreponiéndose a un sino desgarrador.

Afincando la intención del poeta suicida, y transitando una estética documental y reposada gracias a largos planos sin afeites aparentes, Un destello interior nos va adentrando en el mundo de esta sobreviviente, ofuscada por una situación de opresión múltiple. Mujer de la clase obrera, aquejada por la precariedad y una enfermedad terminal, suma a su pandemónium personal el cuido obligado de una encantadora niña, Sara, su hija.

El mundo de Silvia se interna en la percepción desesperante de un final odiado e ineludible. Lidiando sola y asediada por sus demonios; un marido preso, poco dinero, la muerte que espera implacable, las disyuntivas vitales y la exasperación ante la imposibilidad de resolverlas. Narrativamente, los cineastas optan por crear una atmósfera subyugante envuelta en un ritmo fantasmal, que penetra en la profundidad de la mujer usando, en paralelo, la frescura de la niña: la luz que destella y que contrasta con un mundo oscuro.

El ambiente urbano y áspero es mostrado, sin embargo, mediante una cámara preciosista, no indulgente, que se mimetiza con la naturaleza. Cada elemento del ambiente es retratado resaltando el detalle y su intimidad, abriendo un paso secreto, casi contemplativo, hasta su interior. El ojo del espectador pasea por un camino privado, que prepara la detonación, los anti clímax.

Por otro lado, la relación entre madre e hija se desdibuja y trastoca constantemente. Silvia, la mujer que sufre la inminencia del destrozo, es conducida sin que lo sepa a través del destello de Sara, que la regresará a la vida, desde el pequeño hálito que le permanece. Semilla a la que se aferra, por madre, por designio; por destino y naturaleza.

Un pequeño desfile de personajes asoma el presidio psicológico de Silvia, así como su incapacidad de perdonar y trascender. El cuerpo, débil y enfermo, a punto de colapso, presagia su decisión de fatalidad adelantada, una exasperación inmediata que la obliga al egoísmo. Las vistas –abreviadas, económicas- de un tránsito interior, nos brinda claves a través de lo onírico, enseñando símbolos a través de figuras misteriosas. El túnel, el niño sin camisa. La visión de pesadilla y las convulsiones van armando un cuadro surrealista que nos permite fijar un alma en pena, desconectada prematuramente de la sindéresis.

Notable y alarmante la escasez de diálogos que puedan acotar con contundencia el viaje de Silvia hacia su redención, justo al borde de la extinción de toda esperanza. Los encuentros con la predicadora fanática, una madre poco empática, y el ermitaño sumido en la indigencia, el padre ausente, configuran el universo familiar por donde Silvia esparce sus símbolos, como dados o piezas de dominó.

Los diálogos, desprovistos de expresividad y calidad específica, parecen entonces haberse escritos sólo como referencias de un discurrir interior que arropa todo. Esa desprolijidad textual, aunque claramente derive de una elección de forma, no necesariamente aporta a la película. Se extraña una mayor riqueza verbal, un coloquio más potente –aunque económico-, acorde con la evolución emocional de Silvia.

Asimismo, la contraparte de Silvia y Sara, la mujer exitosa y su hija adolescente típica, no es presentada con equilibrio. Se extraña una mayor profundización y verismo en su contrapunto, para que trascienda la nota al margen, quizás estereotipada. Y no sea mero apoyo en la construcción de la escalera que servirá a Silvia para reconquistar su trémula luz, trepar hasta su ternura y reencontrarse con su destello perdido.

 

Luis Laya

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